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El valor humano PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Fernanda Raiti   

En un mundo donde los recursos naturales se están agotando a consecuencia del desarrollo industrial de nuestros tiempos, el programa de Educación Sathya Sai en Valores Humanos nos recuerda que aún poseemos el recurso más valioso y disponible para todos y cada uno: el valor humano.

Si cada cosa tiene su propio valor, ¿cómo distinguirlo respecto de sus otras cualidades? ¿Por qué razón el valor de la sal es ser salada y no, por ejemplo, su textura? Por qué el valor del fuego es quemar y no su color rojizo? Veamos un ejemplo. ¿Por qué decimos que el valor del azúcar es lo dulce? ¿Qué requisitos debe llenar dicha cualidad? Hay cuatro pruebas reales que lo dulce debe atravesar para poder convertirse en el valor propio del azúcar:

Prueba 1: Si el azúcar no es dulce, no es azúcar. La dulzura es indispensable. El valor del azúcar es su dulzura. Si no fuera dulce, no sería azúcar sino arena. Del mismo modo: Los valores humanos son esenciales para que nosotros seamos humanos.

Prueba 2: Si la cualidad dulce no está presente en cada partícula de azúcar, la partícula no es azúcar. La dulzura debe impregnar todo. La caña de azúcar tiene muchas rugosidades y pliegues. No obstante sus rugosidades y pliegues, la dulzura no se encuentra en o no subyace a ellas. La dulzura impregna la caña total y uniformemente. Lo mismo se puede decir de los valores humanos. Están contenidos en cada célula del cuerpo humano, de otro modo no sería humano.

Prueba 3: El valor de lo dulce es inmutable aunque el azúcar reciba diferentes nombres y se presente en diversas formas tales como: caña de azúcar, glucosa , azúcar glass, etc. Tras obtener el jugo de caña y convertirlo en azúcar, mezclamos ésta con diferentes sustancias; de esa forma, todo lo que se mezcla con el azúcar se vuelve dulce”.

Prueba 4: Lo dulce es la única característica del azúcar aunque se observen en ella otros atributos como la blancura o su textura arenosa. Al mismo tiempo, tales características se encuentran en otras cosas como por ejemplo: la sal, el gis, o la arena misma. Como se señaló en el primer enunciado “ todo tiene su valor propio”.

No hemos hablado de estas pruebas sólo para ponderar lo dulce sino también para ponderar el valor del fuego, el de la sal o el de absolutamente cualquier otra cosa. Podemos decir en resumen que el valor de una cosa depende de que se cumplan estos cuatro requisitos: ser indispensable, totalizador, inmutable y exclusivo.

Repetimos: ¿Si cada cosa en este mundo tiene un valor, cuál es, pues, el valor de lo humano? ¿Qué es lo que nos caracteriza como seres humanos? ¿Cuál es la cualidad indispensable, totalizadora, inmutable y exclusiva de los seres humanos?

 

En busca del valor humano

Poder acordar una definición de humanidad ha sido una de las más difíciles tareas enfrentadas por el hombre Siempre han existido cambios diacrónicos (que ocurren a lo largo del tiempo), y cambios sincrónicos (distinciones que ocurren en el mismo período de tiempo), ambos fluyendo en el río de la diversidad. La reflexión nos ayuda a entender qué significa lo humano.

Los indios norteamericanos pieles rojas narran a los niños que Dios creó a la humanidad con arcilla; formó varios hombres y mujeres y los metió al horno. Pronto, impaciente por ver los resultados, sacó a una mujer y a un hombre del horno pero ¡fue demasiado rápido! y éstos salieron demasiado pálidos y amarillentos. Con todo, decidió darles vida y así se originaron las personas de piel blanca y amarilla.

Después de un tiempo, el Creador sacó a otra pareja del horno. En ese punto, las figuras de arcilla estaban perfectamente cocinadas y mostraban un color rojizo como el de la arcilla bien cocinada. De esta pareja se originaron los indios pieles rojas. Su hermosura y majestuosidad era tanta que el Creador se arrobó mirándolos largo tiempo y se olvidó de la otra pareja que aún permanecía en el horno. De pronto se acordó de ellos pero… ¡era demasiado tarde y se habían quemado!, así que salieron de color negro. El Creador decidió sin embargo darles vida y, a partir de esta pareja, se originaron los hombres de piel oscura y negra.

A lo largo de los siglos, la humanidad toda ha desarrollado y acumulado nuevos conocimientos y talentos que han afectado profundamente a los hombres y mujeres contemporáneos e incluso a los de tiempos venideros. Aún así es muy común que cada cultura y sociedad se defina a sí misma como la única poseedora de la verdad, la belleza y la bondad, y que su gente crea que posee autoridad para juzgar a otros desde su propia óptica, como lo hicieron los pieles rojas norteamericanos, y como hace la mayoría de la gente todo el tiempo , sin darse cuenta.

Para los filósofos griegos del periodo clásico ser humano significaba algo totalmente diferente de lo que significaba para los indios norteamericanos, y aun de lo que representa para el hombre moderno. A lo largo de la historia de la humanidad, el significado de lo humano ha variado enormemente.

Tal diversidad, sin embargo, ha disminuido considerablemente en el último siglo. La cultura humana se ha globalizado; los hombres de toda la superficie de la tierra tienden hoy en día a observarse e interpretarse a sí mismos de una manera similar.

A partir de la era moderna, un nuevo mundo se ha expandido por el globo, particularmente en Occidente. Por primera vez en la historia de la humanidad hay una tendencia a unificar el concepto de “ humanidad” bajo una definición común en casi todas las áreas del conocimiento como las leyes, la economía, la sociología, la educación, etc. ¿Podemos decir que nos hemos tomado fuertemente de la mano para definir nuestro valor, por el hecho de lograr un amplio consenso en torno al concepto de “ humano”? ¿Podría alguna de las definiciones actuales de humanidad coincidir con alguna de las que se hayan hecho en el pasado –y que conservamos a manera de tesoro-, que pasen las cuatro pruebas mencionadas anteriormente? Recorramos el camino que recorrió el género humano de la época moderna (especialmente como se estudia en la educación formal) y determinemos si la definición de valor humano se puede encontrar ahí. ¿Cuál sería la definición de “ ser humano” en la actualidad? Por lo general se dice que lo que nos hace humanos es poder razonar y hablar. Puede ser el valor humano que estamos buscando... pero ¿acaso nuestro pensamiento y nuestra forma de hablar lo abarcan todo? ¿Son éstos atributos inmutables, indispensables y exclusivos? ¿Podemos aseverar que razonar y hablar un idioma altamente sofisticado son facultades humanas por excelencia y que únicamente los seres humanos las poseen? En realidad no representan el valor humano, y lo mismo puede afirmarse de otros atributos como las acciones, las emociones y el razonamiento humanos. Páselos por el filtro de las cuatro pruebas. ¿ Pasarían dichas facultades las cuatro pruebas? Sólo a guisa de ejemplo diremos que ninguna de ellas pasa la prueba de lo inmutable. De hecho, es preciso que ellas cambien para que podamos crecer y desarrollarnos. Así pues, más que inmutables tienen que ser cambiables para poder desarrollarnos como humanos. Sin embargo hay una cualidad profunda que nos caracteriza como humanos y que, así como todo en este mundo adolece de un valor propio, ella nos confiere un valor exclusivo, un valor que nos hace ser lo que somos.

La educación formal cultiva las facultades humanas con el único propósito de adquirir conocimiento informativo, habilidades, equilibrio y socialización.

FACULTADES HUMANAS

EDUCACIÓN FORMAL

Pensamiento y habla

Conocimiento informativo

Acciones

Habilidades

Emociones

Equilibrio

Comprensión

Socialización

Así, el conocimiento informativo, las habilidades, el equilibrio y la socialización son manifestaciones de los siguientes valores relativos:

  • El conocimiento informativo y las habilidades: constituyen el meollo de la educación formal y expresan los valores relativos de la información y la competencia.

  • El equilibrio y la socialización: son fomentados por la educación formal, particularmente por las teorías educativas, junto con la enseñanza moral del pasado. Manifiestan los valores relativos de la moral individual y la social, respectivamente.

Sin embargo, ninguno de los valores relativos puede representar el valor humano que buscamos.

Puesto que los valores relativos son temporales y transitorios dependen de las mudanzas diacrónicas y sincrónicas de la corriente fenoménica en que se insertan. El valor humano debe ser absoluto y entenderse como tal desde el principio, es decir, como un todo inmutable, único e indispensable. Hablar de valores absolutos puede suscitar gran polémica en el área educativa, empero, cuando de enseñanza de valores humanos se trata, dicha condición debe quedar muy clara.

Si comparamos el valor humano con los valores relativos, podemos decir que la Educación en Valores Humanos Sathya Sai equivale principalmente a los dos últimos valores procurados en la educación formal: el equilibrio y la socialización, y es a partir de ellos que surge el interés por la moral. Se trata de una manera muy limitada de contemplar la enseñanza de los valores humanos, equivalente a mirar el aire dentro del globo, y no mirar el aire que lo rodea. La educación en valores humanos está respaldada por una filosofía amplia e integral y no es nada más una educación moral (“equilibrio y socialización”, como se la entiende hoy por hoy en la educación formal).

Muchas teorías se niegan a enfrentar el problema de los valores y la educación moral, y relegan la tarea a los padres de familia. Otras incluyen la moral dentro de un rubro curricular de corte “democrático”.

Se supone que el profesor no debe dar retroalimentación sobre lo que es correcto o equivocado, para que los niños decidan por sí solos lo que deberán de ser sus normas morales, y quede protegida así su libertad individual. Así pues, se les ofrece un menú de valores para que los discutan en clase y los vayan incorporando a su vida, según su fuero interno. Es como proporcionar a los niños un rompecabezas para que lo armen a su antojo, sin saber realmente lo que están construyendo.

Otros profesores dan instrucción moral a sus alumnos basándose en valores relativos. En ese contexto, verdad significa exteriorizar lo que se escuchó, se hizo o se dijo. Como dicho contexto es afín a las normas sociales de conducta, puede compartir sus efectos. Amor significa experimentar simpatía por los demás; por su vida, sus éxitos, sus fracasos. Nadie podría afirmar que ello no es una virtud encomiable. Empero, se basa todavía en las convenciones sociales -relativas y transitorias de lo que significan la bondad, el amor, la honestidad, etc.

Por otro lado, dicha instrucción -correcta o equivocada- alude a valores relativos, y casi siempre consiste en la mera transmisión de información acerca de los mismos, lo cual fomenta el razonamiento más que conducir a un cambio moral en el educando. En Kohlberg tenemos precisamente un trabajo que apunta hacia la búsqueda de valores morales universales y, por lo tanto, hacia una moral absoluta. Sin embargo, su metodología se basa en el razonamiento acerca de lo moral y se aplica a situaciones artificiales donde sujetos no reales enfrentan dilemas morales que no son auténticos. Por lo tanto, las etapas del desarrollo moral propuestas por Kohlberg podrían estar relacionadas al pensamiento moral mas no al comportamiento moral.

Si la educación en los últimos dos siglos se ha centrado cada vez más en la transmisión de información, la enseñanza de valores no ha sido la excepción. La información se ha convertido en el método educativo por excelencia para transmitir valores a los niños. Por otro lado, el punto fuerte de la educación de hoy está en aumentar el conocimiento por medio de la información, y no en aumentar la moralidad del sujeto o la sociedad. Se pondera el éxito del proceso educativo en la medida en la que conduce a la adquisición de gran cantidad de información, a un razonable equilibrio emocional y a un comportamiento social moral. Respecto a este último punto, se considera que después de transmitir información –no sin dificultad- acerca de valores relativos a los estudiantes, la meta de la educación formal se ha cumplido.

Si analizamos lo anterior desde la perspectiva del mundo moderno vemos que, después de que se reconoció por primera vez en la historia la diferencia entre la subjetividad y la objetividad en el individuo y la colectividad, la educación -en nombre de la racionalidad- eliminó la subjetividad y abrazó únicamente la visión objetiva de la materia, que se percibe con los cinco sentidos. Pero, a pesar de que algunas ciencias como la psicología en lo individual, y la filosofía en lo social admiten la subjetividad humana, la educación formal coloca su foco de atención en las ciencias objetivas.

Para el sujeto medio de nuestro tiempo, verdad es aquello que se puede percibir con los sentidos y comprobar científicamente.

En un mundo donde las percepciones son diferentes y las verdades científicas cambian tan rápidamente a favor de nuevas “verdades”, una discusión sobre valores absolutos simplemente no ha tenido cabida en la educación. Tampoco la ha tenido en los países democráticos, donde los derechos individuales son protegidos como la vida misma y el valor de la democracia constituye el fuerte de la ideología nacional. Los valores absolutos son un tema que ni la persona más audaz se atrevería a mencionar en las instituciones educativas.

En un contexto tal, que promueve valores relativos como la información y la competencia, la moral individual y la colectiva ciertamente resultan cosas positivas. El peligro radica en que nos quedemos en ese reino de “bondad” y lo refrendemos bajo cualquier perspectiva sobre el tema, que suene profunda. Ciertamente no es lo mejor. La búsqueda debe continuar. La educación en valores humanos de Sri Sathya Sai Baba no representa únicamente el oxígeno del globo terráqueo, sino asimismo el cielo que envuelve a todos .

El valor humano en la enseñanza de Sathya Sai es absoluto. Puede encontrarse en cada ser humano, en todas y cada una de sus partículas, a cualquier edad y en cualquier momento. Es esencial, exclusivo, inmutable y total. No se trata de una concepción retrógrada que promueva la visión totalitarista a manera de lavado de cerebro en, fuera de y alrededor de una colectividad de borregos. Para un profundo y completo análisis de la relación que existe entre la educación, los valores relativos y los valores absolutos desde la perspectiva de la EVHSS, se encuentra la referencia en un libro llamado: “Un agregado Sathya Sai a una teoría de educación integral Sathya Sai.” El artículo fue escrito por el Profr. Vinayak Krishna Gokak ex vice-canciller del Instituto de Estudios Avanzados de Prashanti Nilayam, Estado de Anantapur, India.6 Su trabajo es tan fértil como un árbol de frutas preciosas. Mencionaré en el presente documento algunos de sus conceptos pero el lector deberá consultar su trabajo original para encontrar mayor profundidad y belleza en ellos, y para tener una idea más clara de la diferencia que hay entre los valores relativos y los absolutos.

La defensa de los valores relativos es reciente en la historia. Se desarrolló como reacción ante los sistemas totalitarios, no solamente en un sentido político sino también económico y cultural. Esta corriente incluye el racionalismo moderno en el que los valores literalmente “absolutos “ -de derechos versus agravios, virtud versus maldad, salud versus enfermedad- son impuestos verticalmente, como afirma Foucault.

La defensa de los valores relativos surgió con el fin de evitar la decadencia social de lo humano, en menoscabo de las necesidades individuales vinculadas a una búsqueda interior y al encuentro consigo mismo y con el otro, según sostienen las filosofías fenomenológicas. La defensa de la individualidad (del ser, del ser en el mundo, de la experiencia…) representa sin duda un avance de la educación, así como de otras instancias sociales. Es bueno en tanto que reemplaza una concepción pre-racional por una concepción racional del individuo en sociedad. El individualismo y los valores relativos dieron un gran paso adelante.

El problema es la brecha que surge cuando la educación se enamora de dicho individualismo ya que, dado que el reino de los valores relativos es tan hondo que ha aprisionado al sistema educativo en su profundidad, impide el avance hacia el próximo escalón. Sólo avanzando, el hombre podría desprenderse de sí mismo, no en el conformismo social pre-racional sino en un verdadero desarrollo espiritual (que vaya más allá y a la vez sea subyacente a lo racional).

Más allá de lo racional, el valor humano en tanto absoluto espera en estado latente hasta que la voluntad sea firme. La prueba de que este valor absoluto representa un avance y no un retroceso en el desarrollo humano, está en que se manifiesta desde adentro del individuo y no se le impone desde afuera.

La educación moderna no logra avanzar a menos que desarrolle los atributos humanos del pensamiento, la acción, las emociones y la comprensión, por medio de la información orientada al conocimiento, las destrezas, el equilibrio y la socialización. Lo anterior se manifiesta en los valores relativos de la información, la competencia, la moral individual y la moral social, respectivamente.

 

FACULTADES HUMANAS

EDUCACIÓN FORMAL

VALORES RELATIVOS

Pensamiento y discurso

Conocimiento orientado a la información

Información

Acciones

Habilidades

Competencia

Emociones

Equilibrio

Moral individual

Comprensión

Socialización

Moral social

 

El valor humano no se encuentra, sin embargo, en ninguna de estas tres categorías porque es un valor absoluto y, como tal, tiene que atravesar los cuatro umbrales característicos de lo absoluto. De nuevo, ¿cuál es el valor humano absoluto, presente en todos y manifestado desde lo profundo del ser, que se encuentra allende los atributos y propiedades físicas? ¿Qué es lo que nos hace ser humanos? ¿Cuál es nuestra característica esencial, nuestra naturaleza, lo que constituye nuestra humanidad?

Desde la perspectiva de la EVHSS, el amor es el valor humano por naturaleza, mas no el amor romántico, el emocional o el afectuoso. Esos tipos de amor no alcanzarían a cumplir los cuatro requisitos de lo absoluto.  El amor en tanto valor humano es la característica esencial de los seres humanos: impregna todo, es inmutable y es exclusivo. No es exclusivo en el sentido de que sólo compete a los humanos, sino porque sólo los seres humanos pueden realizarlo con plena conciencia de estar reflejando su propia realidad. Ello plantea una paradoja que debemos enfrentar. A pesar de ser humanos y de que el amor constituya nuestra esencia, corremos las 24 horas del día tras valores relativos, con la sensación de nunca poder alcanzar aquello por lo que realmente estamos luchando. La naturaleza del hombre es el amor y éste es el gran tesoro que el hombre tiene dentro de sí, desde el inicio de su vida hasta el final. Pero el hombre pierde conciencia de ser ese amor.

La sal no pretende quemar. Es sal en tanto que es salada. Al serlo manifiesta su propio valor. De manera similar, somos humanos en tanto que manifestamos amor. Este es nuestro valor esencial. Si el amor es nuestro valor y sin él no somos realmente humanos, ¿por qué entonces necesitamos un programa que nos enseñe valores humanos? ¿Cómo es posible que tengamos que aprender algo que somos? La caña de azúcar no necesita aprender a ser dulce y el mono no tiene la necesidad de aprender a ser mono. Lo son simplemente. Mas no es el caso de los seres humanos.

Si un bebé nace en la selva y es criado por un lobo, crecerá y se comportará como animalito, siguiendo sus propios instintos de supervivencia. Los seres humanos necesitan aprender a ser humanos. Mas no basta con crecer en el seno de una comunidad humana. Para lograrlo, necesitamos recuperar el valor humano del amor. Como hemos olvidado de alguna manera la presencia del amor dentro de nosotros mismos, tenemos que volver sobre nuestros pasos para recordarlo. Cuando el fuego produce ceniza acaba siendo cubierto por ellas hasta desaparecer. Pero basta con soplar las cenizas y el fuego vuelve a aparecer, porque siempre estuvo ahí en forma latente. De la misma manera, el valor del amor es cubierto por las cenizas del ego hasta que olvidamos que él constituye nuestra propia naturaleza. El ego es nuestro peor enemigo y puede tomar la forma de la envidia, la concupiscencia, el enojo, el odio, la lujuria y los celos.

El hombre egoísta piensa únicamente en sí mismo, y ama para su propia conveniencia. Corre tras la dicha externa y cuando satisface un deseo, salta al siguiente fomentando con ello más deseos. De esta suerte, los humanos quedan profundamente insatisfechos y descontentos porque la búsqueda nunca parece tener fin.

Una dama buscaba una tarde una aguja bajo un farol de la calle. Unos jóvenes que pasaban por ahí repararon en su búsqueda y le ofrecieron ayuda. Tras un rato de intentos fallidos, uno de los chicos le pidió a la dama que ésta le indicara el lugar exacto donde había perdido la aguja. “La perdí en mi cuarto pero como estaba demasiado oscuro, salí a buscarla aquí donde hay luz”, respondió.

De igual forma, el hombre perdió su dicha, que es su propia naturaleza, por lo que continúa buscándola en su vida. La tragedia es que la busca afuera de sí, bajo el farol de la calle del mundo material en lugar de buscarla dentro de sí, donde la dicha siempre ha estado y siempre estará. Hasta que el hombre busque en el lugar correcto, no quedará satisfecho. Y ese lugar es el del valor humano. Mientras los seres humanos no hagan uso de sus facultades con amor, la humanidad carecerá de humanidad y el propósito de la vida permanecerá sin cumplirse.

El valor humano es Uno: el amor. Pero así como el azúcar recibe nombres diferentes que dependen de la forma que toma, el amor recibe nombres diferentes, dependiendo de la facultad humana a través de la cual se manifieste. El amor se manifiesta a través del pensamiento, la acción, la emoción y la comprensión. Y, citando a Sai Baba:

“El amor en el pensamiento es VERDAD. El amor en la acción es RECTITUD. El amor en la emoción es PAZ. INTERIOR. El amor en la comprensión es NO VIOLENCIA”.

Cuando el valor humano del amor nutre a manera de corriente invisible las facultades humanas, éstas se transforman en los vehículos de la verdad, la rectitud, la paz interior y la no violencia. Tales son los componentes básicos de la Educación en Valores Humanos Sathya Sai.

FACULTADES HUMANAS

VALORES HUMANOS

Pensamiento y habla

Amor en el pensamiento es Verdad

Acciones

Amor en la acción es Rectitud

Emociones

Amor en la emoción es Paz Interior

Comprensión

Amor en la comprensión es No Violencia

Una vez dicho lo anterior, podemos resumir que el amor es el valor absoluto. La verdad, la rectitud, la paz interior y la no violencia son manifestaciones del mismo amor, que se expresa a través de las facultades humanas; por lo tanto, éstos también son valores absolutos. Estos valores están intrínsecamente unidos por lo que podemos concluir que todos ellos son únicamente: el valor del amor.

 

www.valores-mexico.org

2009-04-10

 

 

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